Fragmentos para la eternidad

Si nos acercamos al concepto genérico de ruina podemos identificarla como fragmentos o partes aparentemente inconexas que invitan al espectador a reconstruir mentalmente una época, un espacio o un acontecimiento pasado. Junto a esta idea, podemos añadir que la ruina también hace referencia a ese momento inmediatamente posterior a la construcción, es decir, a ese tiempo que ha dejado paso a la destrucción, a lo ruinoso. De hecho, su etimología proviene del verbo latino ruĕre “caer, desplomarse o derrumbarse algo”. Pues, de alguna manera, la ruina presupone un proceso de nacimiento, esplendor, decadencia, muerte, olvido y renacimiento.

En este sentido, describir las ruinas es remitir a lo temporal, ya que se intenta desde el presente comprender el pasado. Sin embargo, hay que dejar a las ruinas que nos cuenten para que así podamos interpretarlas. Pues, en parte, es el presente el que otorga valor a las ruinas. Desde esta perspectiva, la ruina a través de la cita y la repetición incitan a la memoria, provocando un encuentro entre el pasado y lo que ahora acontece. Los fragmentos, los restos o la arquitectura misma se convierten en receptáculos de memoria por la constante alusión a sus múltiples pasados. Pasados que se acumulan, se superponen, se entrecruzan y se enfrentan.

La muestra, Fragmentos para la eternidad. Poéticas en torno a la ruina, trata de aproximarse a las múltiples lecturas de la idea de ruina y a su uso como recurso en el arte actual, constituyendo el marco de definición de trabajo de una serie de artistas, entre los que encontramos a Lida Abdul, David Bestué, Bleda y Rosa, Carmen Calvo, Óscar Carrasco, Antonio Fernández Alvira, Patricia Gómez y Mª Jesús González, María José Planells, y Anna Talens.