Entre la figuración y la abstracción

SALVADOR MONTESA, ENTRE LA FIGURACIÓN Y LA ABSTRACCIÓN (1949-2016)
La presente muestra recoge la trayectoria artística del pintor valenciano Salvador Montesa (Paiporta, 1932), perteneciente a la generación de los años cincuenta. Es uno de los pocos artistas que fue capaz de superar el Realismo decimonónico y el Sorollismo que desde las instituciones oficiales se prodigaban como horizonte plástico y vincularse a la Modernidad. Estudió cerámica en Faenza (Italia), fue miembro del grupo Parpalló y pensionado Escuela Nacional Superior de Bellas Artes de París. En las dificultades de la Valencia de postguerra, fue capaz de adentrarse en las múltiples facetas del movimiento abstracto, hasta desembocar en una figuración de tipo intimista.

En el seno del grupo Parpalló, tras unos inicios figurativos, lleva a cabo las Construcciones Plásticas (1956-1958), estructuras de varillas, planchas y cilindros de hierro dispuestos en sentido vertical y horizontal con la intención de crear un cierto equilibrio a partir de la contraposición. Esta primera experiencia abstracta se continúa con obras informalistas (1958-1964), realizadas en París, donde explora las posibilidades plásticas de la materia y el espacialismo.

A su regreso a España, desarrolla un dilatado periodo figurativo que podemos adscribir al Realismo Mágico (1964-2008), relacionado con su labor docente como catedrático de dibujo en institutos de secundaria. Se adentra en el mundo infantil con una visión cercana y tierna, donde sus pequeños protagonistas evocan travesuras, juegos, miedos, los primeros amores de adolescencia, su desbordante imaginación, la apertura a los entresijos de la vida, etc. Sitúa esta poética de la infancia en un contexto de connotaciones simbólicas, destacando sus incertidumbres, los peligros que le acechan, su curiosidad por descubrir los secretos de todo aquello que se ofrece a su mirada ingenua y curiosa.

Los últimos ocho años de su trayectoria (2008-2016) se caracterizan por un reencuentro con sus orígenes abstractos y la recuperación del lenguaje informalista de los años cincuenta. Son pinturas con ciertas alusiones a la realidad, donde las iconografías se pierden en un mundo de trazos a través de los cuales atisbamos la presencia del ser humano transfigurado, animales, formas vegetales, objetos, etc. Montesa se sitúa en un contexto cercano a la neofiguración por donde desfilan imágenes, formas, recuerdos, experiencias acumuladas al paso de los años. Todo aquello que forma parte de su entorno vital tiene cabida en este universo privativo suyo: los pájaros de su jardín, los girasoles de los campos castellanos, la germinación de la semilla y su vuelta a la vida, los recuerdos de la cerámica de Manises, los vitrales de Chartres, los rastrojos, etc.