La Fundación Chirivella Soriano de València alberga hasta el próximo 26 de septiembre una selección de obras de Enric Banyuls (Corbera,1954 – 2018) en las que el artista se sirvió de materiales como el hilo, óleo o las varillas de paraguas para hacer de su «minuciosa» pintura un «acto de silencio» y «resistencia».

Más de 60 piezas, en su mayoría de gran formato, componen la exposición «Enric Banyuls, des del silenci» y acercan al público la obra de un artista que «no puso grandes esfuerzos de comunicar su trabajo, pero sí para sacarlo adelante».

Así lo explicaron ayer durante la presentación de la muestra el presidente de la Fundación Chirivella Soriano, Manuel Chirivella; el director del Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana, José Luis Pérez Pont; la que fuera su esposa, Rosa Urenya y los comisarios de la exposición y amigos del artista Francesc Vera y Manel Baixauli.

Pintura como resistencia

Según Chirivella, Enric Banyuls entendía la «pintura como resistencia» y su hacer es una muestra de la premisa «aunque no vamos a cambiar el mundo, vamos a perserverar». Así, «su pintura es un acto de silencio, un acto estético, también un acto político». «Banyuls dialoga con la pintura, que era un diálogo consigo mismo», explicó.

Desde su taller de Corbera, el artista era mucho más que voz y guitarra del grupo Al Tall y su activismo. En palabras de Baixauli, «era un pintor que en determinado momento se puso a cantar» y «la música completaba su soledad como pintor», pero como también explica Francesc Vera, «su obra no se mostrababa porque para él pintar era una necesidad propia». «Enric pensaba que no aportaba suficiente», lamentó, así que la pintura era «una forma de dialogar consigo mismo».

Lo hacía a través de una abstracción que «no era expresionista», «en la que iba reduciendo cada vez más la forma en lugar de ir complicando». Los comisarios de la muestra destacaron de su pintura la «minuciosidad» y la «perseverancia». Como amigos del artista, Vera y Baixauli recordaron que le preguntaban qué había estado haciendo y Banyuls respondía que nada, pero después veían esos lienzos «que sorprendían de una manera extraordinaria». Rosa Urenya desveló: «Él pensaba que el arte no podía cambiar la sociedad, que el arte era otra cosa» y «sentía que debía disculpase por ser artista». Además, explicaron que «no hacía vida social de artista», pero que «no era Salinger» y no había misantropía en su forma de relacionarse. Ese modo de vida se traduce en una «obra libre de afectaciones».

Ahora, sus amigos y su viuda han preparado la que consideran que es «la exposición que le hubiera gustado hacer», con piezas de los últimos 30 años del autor, para «compartir el privilegio» que tuvieron cuando accedían a su taller y para «hacer justicia» a una obra «exquisita que no es demasiado conocida».

Rosa Urenya detalló que Banyuls «hacía pintura clásica, bodegones, retablos y retratos, pero de otra manera». Con varillas extraídas de un paraguas, con hilo de pescar o colocando finas tiras de papel y, por encima de ellas, el óleo, para después retirarlas y formar su trazo con el espacio que quedaba sin pintura.

Materiales poco nobles

«Des del silenci» repasa sus últimos 30 años de producción cuando sus cuadros van perdiendo el color, apostando por imágenes austeras en blanco y negro y donde comienzan a aparecer otros elementos que va ensamblando en sus cuadros, materiales poco nobles como hilo de coser, caucho o varillas, elementos cotidianos a los que iba dando forma hasta incorporarlos en la obra de arte, hasta llegar a sus esculturas. Otra de las cuestiones de exposición son sus escritos sobre pintura, que invitan a la reflexión. Para Banyuls, «un cuadro es un espejo. Hay tantas caras del cuadro como miradas proyectadas. Y no solo las miradas de sujetos diferentes, sino las propias de una misma persona».

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